ABC del Tempranillo: 10 claves para conocer las cualidades de esta cepa
Mientras que en países del Viejo Mundo como España o Portugal se encuentra muy difundida, en la Argentina son pocas las bodegas que actualmente forman parte del selecto grupo de productores de Tempranillo.
En el mercado local, hace décadas estaba instalado el prejuicio que asociaba a esta uva con vinos “duros” y poco amables con el paladar. Pero los tiempos cambiaron. Y el estilo de elaboración también.
Según datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, en la actualidad hay plantadas con Tempranillo unas 6.300 hectáreas, unas 1.600 más que en 2002, cuando la industria inició su etapa de inserción en los mercados internacionales.
Y si bien el 95% de los viñedos están emplazados en Mendoza, un dato interesante es que en poco más de una década las bodegas se animaron a expandir la frontera para esta variedad, sumando nuevas zonas para el Tempranillo, como San Luis, Buenos Aires o Salta.
En este contexto, Vinos & Bodegas dialogó con el enólogo español José Antonio Montilla, quien se desempeña como gerente de producción de Finca Ferrer, bodega que posee en la Argentina, y que es uno de los profesionales que trabaja en el país que más sabe sobre Tempranillo.
Por eso nadie mejor que este enólogo, egresado de la Universidad Politécnica de Cataluña, para responder diez preguntas clave para conocer más a fondo esta cepa que, en este último tiempo, ganó en elegancia y captó cada vez más adeptos.
-¿De dónde es originaria la cepa y en qué año comenzó a cultivarse en la Argentina?
-La cepa Tempranillo es originaria de España, como hibrido de otras dos variedades: la Albillo Mayor (o Turruntés en La Rioja, España) y la Benedicto. Muy probablemente, en la zona del Valle del Ebro, que es donde se encuentra enclavada la DO Rioja que la ha hecho emblemática en todo el mundo. Las primeras plantas habrían llegado a la Argentina en el siglo XVII y hubo una posterior expansión durante el siglo XIX, cuando la filoxera llegó más tarde a España que en otros países.
-¿Qué características organolépticas tienen los vinos elaborados a partir de esta cepa?
-Permite obtener desde vinos más “crujientes” en el Penedés; pasando por vinos donde domina la fruta roja, en la Rioja Alavesa; a vinos donde predomina la fruta negra, como los de la Ribera del Duero o en Toro; incluso se logran vinos especiados en el Douro. Dependiendo de la elaboración, se pueden obtener vinos menos estructurados a ejemplares de mayor cuerpo. También, es posible alumbrar vinos con menos alcohol o de hasta 15 grados, todos con una característica en común: en general son de gran complejidad y se adaptan a distintos paladares, distintos platos en cada región.
Paralelamente, si nos fijamos en Rioja, los grandes vinos históricos de esta zona, antes de que aparecieran los vinos de parcela o de terruño, siempre se han hecho no ya mezclando con otras variedades, sino con la misma variedad plantada en zonas con distinto suelo y clima, que daban vinos de distintas características. Por ejemplo, un vino de volumen de la Rioja Baja, un vino más fresco de la Rioja Alta y un vino lleno de fruta roja de la Rioja Alavesa. Todos Tempranillos, todos excelentes, todos distintos y juntos pueden dar un vino único.
-¿Qué zonas, por tipo de suelo o clima, no son tan aptas para esta variedad?
-Decir a qué suelos no se adapta es muy difícil dado que tiene una gran flexibilidad y se desarrolla bien en suelos más o menos arcillosos o arenosos. Pero sí podríamos decir que es una variedad que no se adapta tan bien a suelos ricos en materia orgánica. Lo que sí deberemos tener presente, como su propio nombre indica, es que se trata de una variedad temprana y, por lo tanto, deberemos tener en cuenta su ciclo para conseguir que nos de todo su esplendor.
-¿Con qué variedades se adapta mejor a la hora de elaborar un blend?
-Así como es flexible y se adapta a diferentes tipos de suelos, también tiene buena flexibilidad a la hora de hacer blends, como lo demuestra su presencia en Rioja junto a variedades como el Mazuelo, el Graciano o la Garnacha, en Ribera del Duero. Además, va muy bien en Cariñena con Syrah; en el Douro, junto a la Touriga Nacional o la Touriga Francesa y en la Argentina con Malbec. En cada caso, aporta su expresión y explosión de fruta, combinando o resaltando la de las otras variedades. En Finca Ferrer, por ejemplo, la utilizamos en algún porcentaje en nuestro blend, buscando su fruta e intentando potenciar la complejidad del perfil aromático.
-¿Por qué el pasado esta cepa tenía fama de dar vinos “duros”?
-Esa fama puede venir por el tipo de elaboración que se hacía en el pasado, por el sistema de bodegas en España de Cooperativas, donde se elaboraban vinos “más rústicos”, que se vendían a granel para mejorar la estructura de otros vinos más suaves. Pero desde mi punto de vista no es una variedad para dar vinos “duros” e incluso en algunos casos, en el pasado, la crianza extendida en barrica hacía que la madera acabara “comiéndose” al vino.
-¿Cómo se lleva esta variedad con la madera? ¿Qué tipo de barrica se adapta mejor, bajo tu óptica?
-Mi experiencia es que, en caso de utilizar madera, sea la que sea, barrica o alternativos, preferentemente utilizarla durante la crianza y no durante la elaboración, salvo que se trate de uvas de viñedos de bajo rendimiento, concentradas donde una elaboración en pequeños depósitos de madera (5.000 a 10.000 litros) da resultados espectaculares desde el principio. Como en todos los vinos, el origen de la madera, el tiempo de crianza o el tamaño de la barrica que se elija va a definir un estilo u otro de vino. Volviendo a la Rioja, la tradición fue el uso mayoritario de barrica americana, que marcó un estilo, pero también siempre ha habido vinos de los llamados “de alta gama” y gran reconocimiento, de los más caros y marcas renombradas, donde se utiliza la madera francesa, ya sea exclusivamente o combinando con porcentajes de vino criado en barrica americana, o incluso se utilizan barricas con las duelas de un origen y los fondos de otro origen.
Por lo tanto, centrarse sólo en si se adapta una u otra barrica es cerrarle la puerta al enólogo y la bodega a su creatividad, reducirle la paleta “de colores” con la que jugar y expresar la uva, el terruño. Pero, volviendo a los estilos de elaboración, la madera no es una necesidad imprescindible para el Tempranillo, o no tendríamos esas bombas frutadas que se obtienen mediante la maceración carbónica o los vinos jóvenes, excelentes para unas buenas tapas o un jamón ibérico.
-¿Qué potencial de guarda tiene esta cepa cuando se la elabora con un criterio enológico para que evolucione a través de los años y qué características desarrolla con la guarda extensa?
La guarda extensa, en estos casos, suele llevar a un desarrollo de aromas terciarios, aromas de cuero, aromas especiados, pero sin perder su presencia de fruta roja. En el caso de vinos de menor guarda, entre los 5 y 15 años, se mantiene la fruta, se ensambla con los aromas de la madera, las vainillas, las canelas, los chocolates y acaba dando notas de frutillas bañadas en chocolate, pasteles de frutillas y moras.
-¿Qué opciones de maridaje sugerís para disfrutar más de esta variedad?
-Es un excelente acompañante para el tapeo, con tapas más o menos sofisticadas, desde simplemente un plato de jamón, a unas croquetas, unos champiñones o una tortilla española (papa y cebolla) a tapas más elaboradas o “de diseño”. Pero acompaña igualmente bien un guiso de habas blancas (fabada, feijoada, pochas) o lo que podría ser en Argentina un locro, o unas verduras al horno (pimientos rojos, pimientos verdes, espárragos). Además, va muy bien con las carnes, como el clásico asado. También acompaña perfectamente a algunos pescados, como bacalao, lenguado a la plancha o un buen besugo al horno. Para los que busquen algo más ligero, una ensalada Caesar, una ensalada de hojas verdes y frutos rojos o una ensalada con ventresca y pimientos rojos, también serán excelentes combinaciones.
-¿Cómo proyectás el futuro de esta cepa en la Argentina?
-Si bien entiendo que hay excelentes ejemplos en el mercado, al día de hoy también creo que es una variedad con un futuro incierto como vino varietal. A nivel de mercado interno, porque es un mercado con un consumo muy enfocado en el Malbec y en menor medida en el Cabernet Sauvignon, y donde otras variedades, no sólo el Tempanillo, sino también el Pinot Noir o el Syrah, tienen dificultades para crecer su consumos a pesar de los excelentes vinos que se pueden lograr.
Paralelamente, a nivel internacional, un vino varietal de la Argentina tiene la dificultad de la falta de imagen y reconocimiento como un país elaborador de Tempranillo, dado que debe competir con vinos de otros países que tienen dicha imagen y, tal vez, a precios más competitivos que tampoco facilitan esa introducción. Por dicho motivo, creo que se ha iniciado el arranque de algunas hectáreas por parte de algunas bodegas, al no tener un futuro comercial cierto. En cambio creo que sí se mantendrá para ayudar a dar blends únicos y excepcionales
Jancis Robinson: “Los vinos argentinos son menos experimentales y diversos que los chilenos”
Mientras que en países del Viejo Mundo como España o Portugal se encuentra muy difundida, en la Argentina son pocas las bodegas que actualmente forman parte del selecto grupo de productores de Tempranillo.
En el mercado local, hace décadas estaba instalado el prejuicio que asociaba a esta uva con vinos “duros” y poco amables con el paladar. Pero los tiempos cambiaron. Y el estilo de elaboración también.
Según datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, en la actualidad hay plantadas con Tempranillo unas 6.300 hectáreas, unas 1.600 más que en 2002, cuando la industria inició su etapa de inserción en los mercados internacionales.
Y si bien el 95% de los viñedos están emplazados en Mendoza, un dato interesante es que en poco más de una década las bodegas se animaron a expandir la frontera para esta variedad, sumando nuevas zonas para el Tempranillo, como San Luis, Buenos Aires o Salta.
En este contexto, Vinos & Bodegas dialogó con el enólogo español José Antonio Montilla, quien se desempeña como gerente de producción de Finca Ferrer, bodega que posee en la Argentina, y que es uno de los profesionales que trabaja en el país que más sabe sobre Tempranillo.
Por eso nadie mejor que este enólogo, egresado de la Universidad Politécnica de Cataluña, para responder diez preguntas clave para conocer más a fondo esta cepa que, en este último tiempo, ganó en elegancia y captó cada vez más adeptos.
-¿De dónde es originaria la cepa y en qué año comenzó a cultivarse en la Argentina?
-La cepa Tempranillo es originaria de España, como hibrido de otras dos variedades: la Albillo Mayor (o Turruntés en La Rioja, España) y la Benedicto. Muy probablemente, en la zona del Valle del Ebro, que es donde se encuentra enclavada la DO Rioja que la ha hecho emblemática en todo el mundo. Las primeras plantas habrían llegado a la Argentina en el siglo XVII y hubo una posterior expansión durante el siglo XIX, cuando la filoxera llegó más tarde a España que en otros países.
-¿Qué características organolépticas tienen los vinos elaborados a partir de esta cepa?
-Permite obtener desde vinos más “crujientes” en el Penedés; pasando por vinos donde domina la fruta roja, en la Rioja Alavesa; a vinos donde predomina la fruta negra, como los de la Ribera del Duero o en Toro; incluso se logran vinos especiados en el Douro. Dependiendo de la elaboración, se pueden obtener vinos menos estructurados a ejemplares de mayor cuerpo. También, es posible alumbrar vinos con menos alcohol o de hasta 15 grados, todos con una característica en común: en general son de gran complejidad y se adaptan a distintos paladares, distintos platos en cada región.
Paralelamente, si nos fijamos en Rioja, los grandes vinos históricos de esta zona, antes de que aparecieran los vinos de parcela o de terruño, siempre se han hecho no ya mezclando con otras variedades, sino con la misma variedad plantada en zonas con distinto suelo y clima, que daban vinos de distintas características. Por ejemplo, un vino de volumen de la Rioja Baja, un vino más fresco de la Rioja Alta y un vino lleno de fruta roja de la Rioja Alavesa. Todos Tempranillos, todos excelentes, todos distintos y juntos pueden dar un vino único.
-¿Qué zonas, por tipo de suelo o clima, no son tan aptas para esta variedad?
-Decir a qué suelos no se adapta es muy difícil dado que tiene una gran flexibilidad y se desarrolla bien en suelos más o menos arcillosos o arenosos. Pero sí podríamos decir que es una variedad que no se adapta tan bien a suelos ricos en materia orgánica. Lo que sí deberemos tener presente, como su propio nombre indica, es que se trata de una variedad temprana y, por lo tanto, deberemos tener en cuenta su ciclo para conseguir que nos de todo su esplendor.
-¿Con qué variedades se adapta mejor a la hora de elaborar un blend?
-Así como es flexible y se adapta a diferentes tipos de suelos, también tiene buena flexibilidad a la hora de hacer blends, como lo demuestra su presencia en Rioja junto a variedades como el Mazuelo, el Graciano o la Garnacha, en Ribera del Duero. Además, va muy bien en Cariñena con Syrah; en el Douro, junto a la Touriga Nacional o la Touriga Francesa y en la Argentina con Malbec. En cada caso, aporta su expresión y explosión de fruta, combinando o resaltando la de las otras variedades. En Finca Ferrer, por ejemplo, la utilizamos en algún porcentaje en nuestro blend, buscando su fruta e intentando potenciar la complejidad del perfil aromático.
-¿Por qué el pasado esta cepa tenía fama de dar vinos “duros”?
-Esa fama puede venir por el tipo de elaboración que se hacía en el pasado, por el sistema de bodegas en España de Cooperativas, donde se elaboraban vinos “más rústicos”, que se vendían a granel para mejorar la estructura de otros vinos más suaves. Pero desde mi punto de vista no es una variedad para dar vinos “duros” e incluso en algunos casos, en el pasado, la crianza extendida en barrica hacía que la madera acabara “comiéndose” al vino.
-¿Cómo se lleva esta variedad con la madera? ¿Qué tipo de barrica se adapta mejor, bajo tu óptica?
-Mi experiencia es que, en caso de utilizar madera, sea la que sea, barrica o alternativos, preferentemente utilizarla durante la crianza y no durante la elaboración, salvo que se trate de uvas de viñedos de bajo rendimiento, concentradas donde una elaboración en pequeños depósitos de madera (5.000 a 10.000 litros) da resultados espectaculares desde el principio. Como en todos los vinos, el origen de la madera, el tiempo de crianza o el tamaño de la barrica que se elija va a definir un estilo u otro de vino. Volviendo a la Rioja, la tradición fue el uso mayoritario de barrica americana, que marcó un estilo, pero también siempre ha habido vinos de los llamados “de alta gama” y gran reconocimiento, de los más caros y marcas renombradas, donde se utiliza la madera francesa, ya sea exclusivamente o combinando con porcentajes de vino criado en barrica americana, o incluso se utilizan barricas con las duelas de un origen y los fondos de otro origen.
Por lo tanto, centrarse sólo en si se adapta una u otra barrica es cerrarle la puerta al enólogo y la bodega a su creatividad, reducirle la paleta “de colores” con la que jugar y expresar la uva, el terruño. Pero, volviendo a los estilos de elaboración, la madera no es una necesidad imprescindible para el Tempranillo, o no tendríamos esas bombas frutadas que se obtienen mediante la maceración carbónica o los vinos jóvenes, excelentes para unas buenas tapas o un jamón ibérico.
-¿Qué potencial de guarda tiene esta cepa cuando se la elabora con un criterio enológico para que evolucione a través de los años y qué características desarrolla con la guarda extensa?
La guarda extensa, en estos casos, suele llevar a un desarrollo de aromas terciarios, aromas de cuero, aromas especiados, pero sin perder su presencia de fruta roja. En el caso de vinos de menor guarda, entre los 5 y 15 años, se mantiene la fruta, se ensambla con los aromas de la madera, las vainillas, las canelas, los chocolates y acaba dando notas de frutillas bañadas en chocolate, pasteles de frutillas y moras.
-¿Qué opciones de maridaje sugerís para disfrutar más de esta variedad?
-Es un excelente acompañante para el tapeo, con tapas más o menos sofisticadas, desde simplemente un plato de jamón, a unas croquetas, unos champiñones o una tortilla española (papa y cebolla) a tapas más elaboradas o “de diseño”. Pero acompaña igualmente bien un guiso de habas blancas (fabada, feijoada, pochas) o lo que podría ser en Argentina un locro, o unas verduras al horno (pimientos rojos, pimientos verdes, espárragos). Además, va muy bien con las carnes, como el clásico asado. También acompaña perfectamente a algunos pescados, como bacalao, lenguado a la plancha o un buen besugo al horno. Para los que busquen algo más ligero, una ensalada Caesar, una ensalada de hojas verdes y frutos rojos o una ensalada con ventresca y pimientos rojos, también serán excelentes combinaciones.
-¿Cómo proyectás el futuro de esta cepa en la Argentina?
-Si bien entiendo que hay excelentes ejemplos en el mercado, al día de hoy también creo que es una variedad con un futuro incierto como vino varietal. A nivel de mercado interno, porque es un mercado con un consumo muy enfocado en el Malbec y en menor medida en el Cabernet Sauvignon, y donde otras variedades, no sólo el Tempanillo, sino también el Pinot Noir o el Syrah, tienen dificultades para crecer su consumos a pesar de los excelentes vinos que se pueden lograr.
Paralelamente, a nivel internacional, un vino varietal de la Argentina tiene la dificultad de la falta de imagen y reconocimiento como un país elaborador de Tempranillo, dado que debe competir con vinos de otros países que tienen dicha imagen y, tal vez, a precios más competitivos que tampoco facilitan esa introducción. Por dicho motivo, creo que se ha iniciado el arranque de algunas hectáreas por parte de algunas bodegas, al no tener un futuro comercial cierto. En cambio creo que sí se mantendrá para ayudar a dar blends únicos y excepcionales
Jancis Robinson: “Los vinos argentinos son menos experimentales y diversos que los chilenos”
Afirma que en el país trasandino se está experimentando con nuevos cepajes. Cree que Argentina tiene que desarrollarse más allá del malbec.
Es una de las críticas de vinos más respetadas del mundo del vino. Según referentes, sus opiniones se traducen en ventas, ya que son tenidas en cuenta por los compradores de todo el mundo.
Jancis Robinson estuvo en Mendoza desde el 8 al 13 de febrero de 2015, degustando vinos para una nueva edición del Argentina Wine Awards, que este año tuvo como lema “The Empowerment of Women in wine”, por lo que sólo degustaron mujeres.
La especialista aseguró que ha mejorado el estilo de vinos argentinos y ha encontrado algunos cepajes que la han sorprendido. Cree que la etapa de los grandes críticos de vinos que decidían qué se podía tomar y qué no, ya está terminando gracias a la influencia de las redes sociales.
-¿Cuál es su percepción sobre los vinos argentinos? ¿Han tenido una evolución? -La mayoría de los vinos que he degustado son tintos y mayormente malbec. Creo que el número de vinos sobre maduros, con exceso de madera y alta graduación alcohólica ha disminuido.
Hay evidencia de que los vinos argentinos hoy son un poco más ligeros y también hay bodegas y productores que están trabajando con experiencias particulares, como vinos de un viñedo o vinos al estilo Borgoña. Eso es muy bueno porque en el pasado la categoría malbec era muy homogénea.
-¿Ha encontrado otras variedades interesantes? -Sí, siempre he sido una fanática del cabernet sauvignon argentino. La verdad es que estoy intrigada por conocer la razón por la que todo el mundo habla del cabernet franc argentino porque, a decir verdad, los que he probado hasta el momento, que no incluyen los vinos más caros, no me han sorprendido.
Además he probado vinos petit verdot que han sido interesantes, al igual que el tannat. En el caso de los chardonnay van bien pero, por ejemplo, los sauvignon blanc, realmente no creo que sean propicios para el clima de Argentina. Quizás el bonarda, con un poco más de estudio, podría funcionar también.
-En el mundo los países vitivinícolas están volviendo a trabajar con uvas autóctonas... -Sí es cierto. Hoy lo que se está buscando es redescubrir las variedades autóctonas de cada país. Por ejemplo, en Chile están trabajando sobre una variedad que solía ser terrible como “País”, que es parecido a la criolla y parece que está funcionando muy bien en diferentes terroirs. En el caso de Argentina, el torrontés encaja en esa descripción de cepaje local y podría ser una opción.
- Si bien se diversifica, la industria pretende que el portfolio de las exportaciones de las bodegas argentinas se base en malbec. ¿Cree que eso es perjudicial? - No lo sé. Mientras hayan ventas, la moda por el malbec va a continuar. No conozco las estadísticas sobre las ventas de ese cepaje en Estados Unidos, pero mientras sigan creciendo, presumo que Argentina va a seguir produciendo malbec.
- Las exportaciones a Reino Unido aumentaron 27% en 2014 ¿Cómo ve a nuestros vinos en ese país?
-La verdad es que el consumidor del Reino Unido no conoce tanto a los vinos argentinos. De hecho, Argentina es el décimo importador de vinos en ese país y los consumidores del Reino Unido por lo general, conocen vinos de otros lugares, a través de los vinos baratos. La verdad es que hay pocos vinos argentinos baratos en el Reino Unido; más bien son todos de precios medios y altos.
Entonces, es más un mercado de nicho que general. Creo que la mayoría de los vinos argentinos se venden en los supermercados y que no han tenido un gran impacto en los vendedores independientes. En Gran Bretaña, el crecimiento está en los vendedores independientes y los supermercados están con algunos problemas.
-¿Cuáles son los principales errores que encuentra en los vinos argentinos? -Creo que todavía tienen mucho roble, ya sea chips o barricas. Pero el error más importante está en el uso de botellas muy pesadas. Eso es una gran vergüenza para Argentina como mensaje sobre la importancia de la sustentabilidad del planeta.
Este tipo de botellas, en primer lugar, consumen un montón de recursos naturales para producirlas y, en segundo lugar, también consume muchos recursos naturales para su transporte. En el mercado del Reino Unido, no te suma tener una botella de estas características. Los consumidores son más sofisticados. Si uno mira vinos como Château Lafite, vienen en botellas mucho más livianas.
- ¿Cómo analiza que este año en un concurso como el Argentina Wine Awards sólo hayan degustado mujeres? - Tiene un tema todos los años, ¿no? Y era el momento de las mujeres y ha sido muy bueno. A las mujeres les está yendo muy bien en el mundo del vino.
Por ejemplo, tienen mejores notas en los exámenes para Master of Wine y en cualquier evaluación que se hace sobre una degustación de vinos, los resultados muestran que las mujeres son más sensibles y consistentes a la hora de degustar. Entonces, ¿por qué no hacer este evento sólo con mujeres?
- Estuvo en Chile, ¿qué diferencias ve entre nuestra industria y la chilena? - Comparado con la industria chilena del vino, veo a los vinos de Argentina menos diversos y dinámicos y menos experimentales. En Chile todo es explosivo, está toda la industria efervescente, con pequeñas bodegas trabajando en proyectos totalmente diferentes a los de antaño.
Perfil Jancis Robinson. Lleva más de 30 años en la industria del vino y actualmente escribe todos los días para JancisRobinson.com; semanalmente para The Financial Times, y dos veces al mes escribe una columna que se publica en diferentes revistas del mundo. Es editora del libro “Oxford Companion to Wine”.
La especialista aseguró que ha mejorado el estilo de vinos argentinos y ha encontrado algunos cepajes que la han sorprendido. Cree que la etapa de los grandes críticos de vinos que decidían qué se podía tomar y qué no, ya está terminando gracias a la influencia de las redes sociales.
-¿Cuál es su percepción sobre los vinos argentinos? ¿Han tenido una evolución? -La mayoría de los vinos que he degustado son tintos y mayormente malbec. Creo que el número de vinos sobre maduros, con exceso de madera y alta graduación alcohólica ha disminuido.
-¿Ha encontrado otras variedades interesantes? -Sí, siempre he sido una fanática del cabernet sauvignon argentino. La verdad es que estoy intrigada por conocer la razón por la que todo el mundo habla del cabernet franc argentino porque, a decir verdad, los que he probado hasta el momento, que no incluyen los vinos más caros, no me han sorprendido.
-En el mundo los países vitivinícolas están volviendo a trabajar con uvas autóctonas... -Sí es cierto. Hoy lo que se está buscando es redescubrir las variedades autóctonas de cada país. Por ejemplo, en Chile están trabajando sobre una variedad que solía ser terrible como “País”, que es parecido a la criolla y parece que está funcionando muy bien en diferentes terroirs. En el caso de Argentina, el torrontés encaja en esa descripción de cepaje local y podría ser una opción.
- Si bien se diversifica, la industria pretende que el portfolio de las exportaciones de las bodegas argentinas se base en malbec. ¿Cree que eso es perjudicial? - No lo sé. Mientras hayan ventas, la moda por el malbec va a continuar. No conozco las estadísticas sobre las ventas de ese cepaje en Estados Unidos, pero mientras sigan creciendo, presumo que Argentina va a seguir produciendo malbec.
- Las exportaciones a Reino Unido aumentaron 27% en 2014 ¿Cómo ve a nuestros vinos en ese país?
-La verdad es que el consumidor del Reino Unido no conoce tanto a los vinos argentinos. De hecho, Argentina es el décimo importador de vinos en ese país y los consumidores del Reino Unido por lo general, conocen vinos de otros lugares, a través de los vinos baratos. La verdad es que hay pocos vinos argentinos baratos en el Reino Unido; más bien son todos de precios medios y altos.
-¿Cuáles son los principales errores que encuentra en los vinos argentinos? -Creo que todavía tienen mucho roble, ya sea chips o barricas. Pero el error más importante está en el uso de botellas muy pesadas. Eso es una gran vergüenza para Argentina como mensaje sobre la importancia de la sustentabilidad del planeta.
- ¿Cómo analiza que este año en un concurso como el Argentina Wine Awards sólo hayan degustado mujeres? - Tiene un tema todos los años, ¿no? Y era el momento de las mujeres y ha sido muy bueno. A las mujeres les está yendo muy bien en el mundo del vino.
- Estuvo en Chile, ¿qué diferencias ve entre nuestra industria y la chilena? - Comparado con la industria chilena del vino, veo a los vinos de Argentina menos diversos y dinámicos y menos experimentales. En Chile todo es explosivo, está toda la industria efervescente, con pequeñas bodegas trabajando en proyectos totalmente diferentes a los de antaño.
Pinot noir, te damos 2 ideaes para este verano.
Las altas temperaturas por lo general no suelen llevarse muy bien con los vinos tintos. Por eso, el verano es la temporada alta de vinos blancos, rosados y espumantes.
Sin embargo, entre los ejemplares tintos, el Pinot Noir reina cuando el termómetro se dispara.
Si bien proliferan las guías o consejos con temperaturas de servicio ideal para cada variedad, lo más práctico cuando se trate de un Pinot Noir, es dejarlo antes una hora en heladera y luego mantenerlo dentro de una frapera con hielos y un puñado de sal gruesa.
Salud!!!
Caprichosa para los viticultores, pero fascinante para los consumidores, este cepaje da vinos que encantan a la primera copa. Te invitamos a hacer un recorrido por su historia en el país y te recomendamos algunas etiquetas.
Las revistas del mainstream dicen que el vino tinto más elegante del mundo (y el más caro) es un Pinot Noir. Lamentablemente, no es de la Argentina, sino de Francia: el Romanée-Conti, una pequeñísima apelación de origen de un solo propietario que hace un vino superlativo, codiciado por todo el mundo, cuyo precio es realmente inalcanzable para la mayoría.
Pero, por suerte, existen muchos otros Pinot Noir en la borgoña francesa que son más asequibles, que también sumaron a la fama de la región que difundió el prestigio de este cepaje en el mundo. Pero claro, su reproducción es muy complicada ya que se trata de una uva caprichosa, a la que no le gusta madurar en cualquier lado. En Estados Unidos han logrado hacerlo muy bien en el estado de Oregon, al norte de California, y Chile es el país que lleva la delantera en el Cono Sur. Esto se debe a que el Pinot Noir necesita de un clima frío que modere su corto período de madurez, razón por la cual desde siempre se destacaron a nivel local los exponentes de la Patagonia.
Y tal cual pasó con el Chardonnay, aunque el Pinot era considerado el vino emblemático del amplio sur argentino, sólo había dos o tres ejemplares. Igual eso le permitió seguir con vida y expandirse a otras regiones vitivinícolas del país, y Mendoza con sus diversos microclimas es un marco también ideal, sobre todo en las alturas del Valle de Uco, de donde comenzaron a llegar los primeros exponentes de alta gama, como el Primus de Salentein y el Rutini que elabora desde hace varios años Mariano Di Paola. Luego llegó Bodega Patritti en San Patricio del Chañar en la Patagonia, con su Primogénito y ahora reciente Lassia y la certera apuesta de Julio Viola a mano del “emblema” patagónico. Pero también Piero Incisa Della Rocchetta, miembro de la familia propietaria del Sassicaia italiano, con sus Chacra que asombran al mundo por calidad y estilo. Todo esto hizo posible una oferta actual de Pinot Noir bien variada y nutrida en todos los rangos de precio. Y si bien, tal como pasa con muchos varietales en este país, todavía no se ha logrado una identidad marcadamente argentina, se puede decir que la gran mayoría de los ejemplares se adivinan fácilmente y se los reconoce como Pinot Noir.
Por otro lado, está la evolución de este cepaje como base de vinos espumantes, algo en lo que Chandon lidera la marcha y le sigue la inigualable calidad de Alta Vista con su impronta francesa. Y es gracias a esta evolución, y también a la del Chardonnay, que los espumantes nacionales viven un momento de gloria, con un enorme potencial. Por todo esto, es muy importante seguir adelante con esta evolución. Porque, además, el Pinot Noir puede ser el mejor tinto para iniciarse en el mundo del vino gracias a su textura sedosa y su paladar amablemente afrutado, aunque también refrescante y dócil. Tanto, que cada vez que la copa se vacía, dan ganas de seguir tomando.
Pero, por suerte, existen muchos otros Pinot Noir en la borgoña francesa que son más asequibles, que también sumaron a la fama de la región que difundió el prestigio de este cepaje en el mundo. Pero claro, su reproducción es muy complicada ya que se trata de una uva caprichosa, a la que no le gusta madurar en cualquier lado. En Estados Unidos han logrado hacerlo muy bien en el estado de Oregon, al norte de California, y Chile es el país que lleva la delantera en el Cono Sur. Esto se debe a que el Pinot Noir necesita de un clima frío que modere su corto período de madurez, razón por la cual desde siempre se destacaron a nivel local los exponentes de la Patagonia.
Y tal cual pasó con el Chardonnay, aunque el Pinot era considerado el vino emblemático del amplio sur argentino, sólo había dos o tres ejemplares. Igual eso le permitió seguir con vida y expandirse a otras regiones vitivinícolas del país, y Mendoza con sus diversos microclimas es un marco también ideal, sobre todo en las alturas del Valle de Uco, de donde comenzaron a llegar los primeros exponentes de alta gama, como el Primus de Salentein y el Rutini que elabora desde hace varios años Mariano Di Paola. Luego llegó Bodega Patritti en San Patricio del Chañar en la Patagonia, con su Primogénito y ahora reciente Lassia y la certera apuesta de Julio Viola a mano del “emblema” patagónico. Pero también Piero Incisa Della Rocchetta, miembro de la familia propietaria del Sassicaia italiano, con sus Chacra que asombran al mundo por calidad y estilo. Todo esto hizo posible una oferta actual de Pinot Noir bien variada y nutrida en todos los rangos de precio. Y si bien, tal como pasa con muchos varietales en este país, todavía no se ha logrado una identidad marcadamente argentina, se puede decir que la gran mayoría de los ejemplares se adivinan fácilmente y se los reconoce como Pinot Noir.
Por otro lado, está la evolución de este cepaje como base de vinos espumantes, algo en lo que Chandon lidera la marcha y le sigue la inigualable calidad de Alta Vista con su impronta francesa. Y es gracias a esta evolución, y también a la del Chardonnay, que los espumantes nacionales viven un momento de gloria, con un enorme potencial. Por todo esto, es muy importante seguir adelante con esta evolución. Porque, además, el Pinot Noir puede ser el mejor tinto para iniciarse en el mundo del vino gracias a su textura sedosa y su paladar amablemente afrutado, aunque también refrescante y dócil. Tanto, que cada vez que la copa se vacía, dan ganas de seguir tomando.
Cuando piense en un placer singular, no deje de enfocar su interés hacia una pareja inolvidable: el Chocolate y el Vino. Estos son dos productos deliciosos, y a pesar de ser ambos de sabores fuertes, se complementan muy bien - sobre todo el chocolate amargo y el vino tinto - en un ensamble perfecto.
En un estudio del que se hace eco el sitio Ciencia & Biología, se asegura que el resveratrol que contienen ambos (chocolate y vino) no tiene ninguna incidencia sobre la salud, pero juntos si activan componentes en la estructura humana que nos preserva de ciertas enfermedades como la hipertensión que conlleva a los episodios cardivasculares, ciertos tipos de cancer y procesos inflamatorios que afectan miembros a traves del sistema venoso-arterial.
Sugestivamente, el hábito de consumo del vino en los intervalos de alimentación destacados como almuerzos y cenas ha provocado también la necesidad de disfrutar un intervalo dulce. Así nace el maridaje del chocolate y el vino.
En México, ambos productos se encuentran en franca expansión en el gusto de la extraordinaria clase media del pais.
Recientemente, el Diario Excelsior reflejó las siguientes cifras para el consumo de chocolate: en 2013 se consumieron 92.5 toneladas de chocolate y en el 2018 se espera que el consumo llegue a las 124 toneladas, un crecimiento esperado de 34 por ciento.En tanto para el vino sostuvo: en 2012 los mexicanos consumieron 72.3 millones de litros de vino y para 2017 se espera que consuman 103.7 millones de litros, lo que quiere decir que se espera un incremento de 43.4 por ciento en los siguientes años.
Esta pareja inolvidable, refleja así las preferencias de mexicanos que al mismo tiempo de regalarse con el sabor de chocolate y vino, asumen soluciones prácticas para la prevención de enfermedades.
Pero, un hecho que merece una atención destacada es la calidad de estos productos: en cuanto al vino, transmitimos en cada crónica la importancia de cada etiqueta. En el chocolate en cambio, las diferenciaciones por marca todavía no existen con la misma claridad.
Tiempo al tiempo: nos comprometemos a bucear en el mercado del chocolate para recomendar los mejores maridajes, incluso con la colaboración de la experiencia de nuestros lectores.
Edición de noticias para España, las Américas y el Caribe. © Diario del Vino 2014
Creando nuestra propia vinoteca
¿Pensando en atesorar tintos en casa? Entonces seguro esta historia logrará inspirarlos: algunas anécdotas desde la cava más grande y bonita del mundo, además de tips y consejos útiles para saber qué comprar si quieren sumarse a la aventura de la guarda de vinos.
Tomen lápiz y papel y sigan estos consejos:
- La organización es una de las claves principales, ya que no sirve de nada acumular vinos si cuando los queremos descorchar, no los encontramos. Es importante también saber desde cuándo un vino está reposando en nuestra cava, así evitamos el error de dejarlo olvidado y, cuando lo recuperamos entre miles, encontrar que su mejor momento ya pasó.
- Para saber qué tenemos en la cava, lo más práctico es armarnos una base de datos en la computadora o directamente en papel, segmentando el espacio por estilos de vinos, orígenes y añadas. Ese cuaderno de bitácora será, además, un lindo recuerdo de las botellas que pasaron y un suvenir maravilloso para mostrarle a los amigos.
- Aunque no es el eje de esta nota, siempre recuerden que al momento de elegir el espacio de guarda éste deberá contar mínimamente con condiciones estables de temperatura y humedad, luminosidad baja y aireación. Para esta tarea, las cavas climatizadas son aliadas naturales, aunque tengan poca capacidad. Siempre será mejor contar con menos cantidad, pero privilegiar un espacio que les asegure una correcta evolución. Con esto también quiero decirles que: “Si no cuentan con un buen espacio, guárdenlos en su panza”; no hay mejor comentario que ése.
- Respecto a qué comprar, lo ideal es elegir vinos que conozcamos y sepamos que nos gusten. Las recomendaciones y los puntajes en revistas son útiles pero, claro, nada como nuestra experiencia. Es importante entonces haberlo probado con anterioridad, y poder determinar en qué momento queremos volverlo a descorchar. En última instancia, si la etiqueta en cuestión en muy costosa y una prueba es imposible, al menos buceemos en Internet y veamos efectivamente cuál es su potencial de guarda.
- Si bien las colecciones suelen ser en gran parte de vinos tintos, también están algunos blancos de guarda, dulces y espumosos. Cualquier Champagne soporta dignamente los diez años de estiba, y ni hablar las grandes etiquetas. Siempre investiguen antes su potencial.
- Recordemos que tener una cava implica contar también con vinos para consumo cotidiano. No a diario se están descorchando botellas de colección, mis amigos.
- Una técnica muy difundida es la compra por cajas de seis. De ese modo, se puede ir probando la evolución del vino y, si se trata de una nueva adquisición, al salir la nueva cosecha uno ya sabe de qué se trata. En la teoría suena hermoso, pero en la práctica hay que dedicarle un abultado presupuesto, lo sé.
- Otra sugerencia es la de la compra de botellones de 1,5, 3 o más litros. En estos recipientes los vinos evolucionan mejor que en el tamaño regular de 750CC ya que la micro oxigenación que ocurre a través del corcho es comparativamente menor.
- Hay que tener cuidado cuando estamos en búsqueda de cosechas viejas o agotadas. Estas botellas incrementan alegremente la diversidad de nuestra colección, pero es muy importante asegurarnos previamente de que el sitio en el que lo compramos haya mantenido buenas condiciones de guarda. ¡Eviten la compra en sitios de remates de Internet, por favor!
- Para saber qué tenemos en la cava, lo más práctico es armarnos una base de datos en la computadora o directamente en papel, segmentando el espacio por estilos de vinos, orígenes y añadas. Ese cuaderno de bitácora será, además, un lindo recuerdo de las botellas que pasaron y un suvenir maravilloso para mostrarle a los amigos.
- Aunque no es el eje de esta nota, siempre recuerden que al momento de elegir el espacio de guarda éste deberá contar mínimamente con condiciones estables de temperatura y humedad, luminosidad baja y aireación. Para esta tarea, las cavas climatizadas son aliadas naturales, aunque tengan poca capacidad. Siempre será mejor contar con menos cantidad, pero privilegiar un espacio que les asegure una correcta evolución. Con esto también quiero decirles que: “Si no cuentan con un buen espacio, guárdenlos en su panza”; no hay mejor comentario que ése.
- Respecto a qué comprar, lo ideal es elegir vinos que conozcamos y sepamos que nos gusten. Las recomendaciones y los puntajes en revistas son útiles pero, claro, nada como nuestra experiencia. Es importante entonces haberlo probado con anterioridad, y poder determinar en qué momento queremos volverlo a descorchar. En última instancia, si la etiqueta en cuestión en muy costosa y una prueba es imposible, al menos buceemos en Internet y veamos efectivamente cuál es su potencial de guarda.
- Si bien las colecciones suelen ser en gran parte de vinos tintos, también están algunos blancos de guarda, dulces y espumosos. Cualquier Champagne soporta dignamente los diez años de estiba, y ni hablar las grandes etiquetas. Siempre investiguen antes su potencial.
- Recordemos que tener una cava implica contar también con vinos para consumo cotidiano. No a diario se están descorchando botellas de colección, mis amigos.
- Una técnica muy difundida es la compra por cajas de seis. De ese modo, se puede ir probando la evolución del vino y, si se trata de una nueva adquisición, al salir la nueva cosecha uno ya sabe de qué se trata. En la teoría suena hermoso, pero en la práctica hay que dedicarle un abultado presupuesto, lo sé.
- Otra sugerencia es la de la compra de botellones de 1,5, 3 o más litros. En estos recipientes los vinos evolucionan mejor que en el tamaño regular de 750CC ya que la micro oxigenación que ocurre a través del corcho es comparativamente menor.
- Hay que tener cuidado cuando estamos en búsqueda de cosechas viejas o agotadas. Estas botellas incrementan alegremente la diversidad de nuestra colección, pero es muy importante asegurarnos previamente de que el sitio en el que lo compramos haya mantenido buenas condiciones de guarda. ¡Eviten la compra en sitios de remates de Internet, por favor!
En definitiva, lograr una colección propia es una tarea costosa, pero para nada imposible. Solo basta con tener conciencia de hasta dónde queremos llegar (y hasta dónde el presupuesto puede estirarse). Así que manos a la obra!
Como hacer para enfriar un vino o espumante
El vino tinto sí se congela. El licor es el que no. Metan al congelador un destilado como tequila o vodka, con una botella de vino. Verán que los primeros se mantienen mientras que el vino se congela. Algunos recomiendan usar, en regiones más calientes, uvas congeladas para enfriar el vino. A pesar de que la temperatura ideal para tomar el vino tinto se considera temperatura ambiente, lo dicen los viñedos franceses, cuya temperatura ambiente es alrededor de 12-17ªC. Por eso en otro lugar se enfría, mas no se congela ya que destruye molecularmente su estructura... Salud!!!
Y en estos tiempos que entramos de celebraciones efusivas y de calores notables, dos situaciones que se encuentran a la hora del brindis. Los hay de fin de año en el trabajo, de balance en la pareja, de navidad en familia y un largo etcétera que cruza amigos, clientes y relaciones variopintas. La gente precavida por lo general tiene en la heladera las botellas de vino blanco y espumoso. Pero la mayoría, sin premeditación ni alevosía, llega al momento de brindar con las botellas calientes. ¿Cómo enfriarlas rápido? A continuación tres métodos que, si bien no hacen milagros, ayudan bastante.
La frapera con hielo es el método más efectivo. Reclama dos cosas para funcionar bien: mucho hielo y un poco de agua. Ahí está la clave. Es verdad que algunas etiquetas se corren con el agua, pero no es menos cierto que sin ella el hielo es casi inútil. Así es que a no escatimar ninguno.
La servilleta mojada puede ser una buena manera de acelerar el trabajo de un freezer. El punto está en que el aire es un mal difusor de temperatura comparado con el agua. Entonces, para que el freezer trabaje rápido, conviene envolver la botella en una servilleta húmeda para acelerar el enfriamiento.
No descorchar el espumante sino hasta el último momento puede colaborar en conseguir un grado más de frescor. Porque al descomprimirse la botella genera un efecto liberador de energía que le baja hasta un punto la térmica. No dura mucho, claro, pero abrirlo antes también hace que pierda gas y gracia. También conviene refrescar las copas con un hielo o dos, antes de servirlas. Y eso ayuda a que no se caliente tan rápido la bebida
¿Por qué un vino es más caro que otro?
30-07-2014 | Cuando estamos ante la estantería de una vinoteca, podemos observar vinos de todos los valores: desde aquellos que cuestan menos de un dólar hasta los que hacen que uno se pregunte si adentro tendrán oro, por su precio exorbitante. ¿Por qué hay vinos más caros y vinos más baratos?
Los barriles de roble tienen valores finales aproximados a los 900 Euros, dependiendo de si es francés o americano, de qué bosque proviene, el tipo de tostado, la tonelería que lo elaboró y la distancia a cubrir por el transporte hasta la bodega. En aquellos con capacidad “estándar” se colocan usualmente 225 litros de vino, o sea unas 300 botellas de 0.750 litros. Con estos datos es fácil ir empezando a hacer números.
Debemos destacar que los barriles pueden llegar a tener varios años de vida útil, considerando el uso y la aplicación que le dé cada bodega, con lo cual se van amortizando. Así y todo, se puede entender porqué sólo un pequeño porcentaje del total de vinos utiliza barricas de primer uso (además de por un tema de no tapar cualidades frutales de la uva), mientras que el resto es añejado en barricas de segundo, tercer o más usos.
Existen también alternativas para reducir costos: chips, cubos, viruta, y listones de madera de roble para colocar dentro de los tanques de acero inoxidable y de esa forma “emular” los resultados obtenidos en una barrica verdadera, gracias a la ayuda de los micro-oxigenadores de los tanques, o de su porosidad, en caso de ser de cemento. Estas son prácticas enológicas absolutamente permitidas, y que se aplican a vinos que pueden llegar a ser muy buenos.
El rendimiento por hectárea es la cantidad de uvas que el enólogo va a obtener, justamente, por cada hectárea plantada. Esto depende del tipo de clima y sus variables anuales, el tipo de suelo, el riego que se aplique, la sanidad del viñedo y las podas que se realicen para determinar la carga de racimos. La vid es una planta, obvio, y como todas las de su especie, se verá influenciada para bien o para mal con el sol, el calor, la lluvia, el granizo, las heladas, etc.
El tipo de suelo hará que el enólogo y el ingeniero agrónomo sepan qué densidad de plantación pueden establecer en ese terreno, estudiando la riqueza de compuestos del piso, su profundidad, las capas de agua, los micro y macro nutrientes, la altura, inclinación del terreno, etc. Y las podas y recortes en la planta terminan de enmarcar cuantas uvas dará cada una de ellas. Cuanto menos racimos, mayor concentración y abundancia de componentes, porque la vid debe “preocuparse” por atender y abastecer menos brotes.
Eso lo determina cada equipo de profesionales acorde al vino que desea obtener: en teoría, a mayores rendimientos por planta, vinos más económicos y de inferior calidad, y viceversa. Se puede dar el caso que una vid dé desde menos de un kilo de uva, hasta como unos 6 kilos, más o menos. Sabiendo que para lograr una botella de 750 cm3 se necesita 1 kg de uvas aproximadamente, entendemos que no es lo mismo un viñedo con 3.000 plantas, que uno con 9.000, así como tampoco es lo mismo que esas plantas entreguen 800 gramos de uva cada una o que entreguen 3 kilos.
Los costos de mano de obra, o la hora-hombre, tienen un peso muy fuerte, sobre todo en la época de cosecha, que es cuando más personal se necesita (si es que la cosecha se hace un forma manual, lo que supone un mayor cuidado da la planta y los racimos). En el caso que la cosecha se realice en forma mecánica, esos costos bajan sensiblemente, pero se debe contar con la maquinaria adecuada (o alquilarla).
En el resto del año, la mano de obra se centra en las labores culturales en el viñedo y en los ayudantes del enólogo dentro de la bodega (además de los empleados administrativos, de ventas, etc.). Entonces, si la cosecha va a ser manual, se depende de cuantas hectáreas haya, la cantidad de plantas, y la cantidad de racimos, para definir las personas necesarias a contratar y la paga que se deberá efectuar en total por sus servicios.
Ahora bien: todo lo explicado hasta acá, como dijimos, supone una mejor calidad del vino, la que, en caso de realmente ser así, no tiene una implicancia directa con los gustos de cada persona. Determinado vino puede ser de bajos rendimientos, cosechado a mano, y añejado en impecables barricas nuevas de roble francés…y a Usted puede no gustarle. O no gustarle tanto como otro que no tuvo tanta dedicación. O por ahí sí, le guste más. No se trata de algo lineal o tajante, ni de una regla de 3.
Sumado a los factores objetivos preponderantes detallados en esta nota, se encuentran otros de menor relevancia en cuanto a los costos, junto a los factores subjetivos que aplica cada bodega, los cuales ya enumeramos en una anterior nota de esta columna en 2012, que citamos al pie.
Fuente: ANBariloche
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Qué Malbec probar para concer el sabor de cada región productora
De Salta a la Patagonia se cultiva una variedad que bate todos los récords de consumo y exportación. ¿A qué sabe el Malbec en cada una de las principales regiones productivas?
http://www.vinomanos.com/?p=10678María Laura Ortiz---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
13.04.2014 | Los nuevos jugadores
La experta sommelier María Laura Ortiz invita a descubrir nuevas cepas y etiquetas de vino argentino. Hay mucho más que Malbec.
Es común encontrar Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Torrontés y sobre todo Malbecs en los estantes de las vinotecas. Por años hemos disfrutado de esos varietales y lo seguiremos haciendo, pero los consumidores curiosos nos preguntamos ¿Qué hay de nuevo? Y así comenzamos a hurgar en las góndolas de las tiendas de vinos y encontramos que, además de los clásicos sectores de "Malbec", "Cabernet Sauvignon" y "Chardonnay", algunas tiendas tenían un lugar especial para "Otros varietales". En este pequeño espacio hacían su tímida aparición el Petit Verdot, el Cabernet Franc, el Riesling, por nombrar algunos. Hoy, con el pasar del tiempo, los amantes del vino empezamos a demandarlas más. Así, estas cepas mejoraron ampliamente su performance y su oferta.
Aquí propongo un recorrido por las características de estas "nuevas" variedades que disfruto beber y compartir.
CABERNET FRANC. Variedad originaria del Valle de Loira, Francia, que resultó ser el padre del Cabernet Sauvignon luego de haberse cruzado con la Sauvignon Blanc. En nuestro país se expresa fresca, de buena acidez y taninos presentes, con aromas pimentosos y fruta roja de buena intensidad. Las etiquetas que se lucen son Bressia, Durigutti, El Enemigo, Andeluna, Lamadrid, Númina y Benegas Lynch.
PETIT VERDOT. Variedad salvaje y compleja, normalmente utilizada en los clásicos vinos de corte de Bordeaux. Posee muy buena acidez equilibrada por los taninos presentes, además de excelentes aromas a frutas negras y azules como moras y arándanos. Es un vino para maridar con carnes rojas. Las etiquetas a tener en cuenta son Decero, Finca la Anita, Ruca Malen y Lorca Poético.
TANNAT. Variedad originaria del sudoeste francés, recia, firme y estructurada. Es capaz de crecer en lugares con clima marítimo a nivel del mar como en clima continental en medio de Los Andes. Su nariz va desde los aromas frutados a los toffee, chocolate y caramelo con un sutil mentolado al final. Un vino para beber en invierno junto a un guiso de lentejas, un cordero asado con puré rústico de papas. Etiquetas para probar y conocerlo: Ben Marco, Laborum y las Perdices.
FIANO. Originaria de Campania, en el sur de Italia, esta cepa propone un vino blanco súper aromático aunque no cansador a la nariz, en el que se destacan las especias, la miel, la fruta y las flores blancas. Muy buena acidez y gran cuerpo con mucho potencial de guarda, ya que ha demostrado evolucionar bellísimamente en botella. Etiquetas en el mercado: Caelum y Santa Julia, innovación de Zuccardi.
RIESLING. Proviene de la zona del Rhin en Alemania. Es una variedad expresiva, muy aromática destacándose los aromas a flores y los perfumados (aromas complejos que mezclan un poco de aromas florales con especiados) y de gran mineralidad. De alta acidez por la cual es frecuente encontrarlo con unos gramos de azúcar residual para lograr el balance. En Argentina podemos encontrar algunos ejemplares dignos de adquirir y guardar, las etiquetas imperdibles son Doña Paula y Luigi Bosca. En Salta, Amalaya utiliza el Riesling como un compañero de blend del torrontés, obteniendo un vino muy aromático, complejo y sobre todo bebible gracias a su frescura.
GEWURZTRAMINER. La palabra Gewürz en alemán significa "especias" y es un descendiente de los Traminer de la zona del noroeste de Italia, de ahí el nombre. Es una variedad aromática de acidez media y gran nariz que se muestra exuberante con notas de especias como el coriandro, el anís, la alcaravea, unidas a las notas de lychee (¿A qué huele el lychee? Para mi huele a uva rosada sin piel mezclada con unas gotitas de agua de rosas y duraznos chatos blancos). Etiquetas que no podés dejar de probar son Rutini y Luigi Bosca.
SAUVIGNON BLANC. Nació en el sudoeste francés, logró su esplendor en Bourdeax como componente de los famosos Sauternes y Barzac y revolucionó la historia en la zona central del Valle de Loire bajo las denominaciones Sancerre y Poully Fume. Se ha desarrollado muy bien en países como Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile y por supuesto en Argentina. No hay un estilo único de Sauvignon Blanc, están los ligeros y fresquitos, los tropicales, los que tienen más cuerpo y estructura y los que muestran su lado salvaje haciéndole honor al nombre original Sauvage Blanc. Etiquetas que no podés dejar de probar: Doña Paula, Monteviejo, Zorzal y Bacán.
ALBARIÑO. Originaria de las Rias Baixas de Galicia, en España, y de la zona del norte de Portugal, donde la denominan Alvarinho. Esta cepa es la responsable de los denominados Vino Verde o Vinho Verde portugués. Vinos de aromas frescos con acidez pungente e incluso vinos con cierta aguja en boca (aguja: burbujas que pinchan la lengua dando una sensación chispeante). En Argentina solo lo elaboran dos bodegas: Zuccardi bajo la línea "Innovación" y Las perdices. Son apenas dos pero valen la pena probarlos. Ideales para acompañar un pescado y una buena mariscada.
Espero que se animen e inicien este camino que no tiene fin y donde lo único que encontrarán mientras lo transiten es placer, diversión y lograrán hacer destellar su paladar. ¡Salud! «
*María Laura Ortiz es vicepresidente de la Asociación Argentina de Sommeliers; Cerfified Sommelier de la Corte Master Sommelier y Diplomada en la Asociación Internacional de Sommeliers, Chef y Bartender AMBA. Dirige Winifera y Aromas de cocina.
Defectos que podés encontrar en el vino
7 DE JULIO, 2014 | EN NOTICIAS
Veamos rápidamente algunos de estos defectos más habituales que podemos encontrar en una botella de vino.
El vino, es un “producto vivo”, que está en constante evolución por lo que existen probabilidades de que el resultado final pueda tener algún defecto, estas anomalías pueden detectarse con la vista, la nariz o la boca. A continuación, los defectos más habituales que podemos encontrar en una botella de vino.
Corcho. Quizás el más habitual o fácil de reconocer, es un olor desagradable debido a que el alcornoque del que fue hecho tenía la enfermedad del corcho, TCA o tricloroanisol.
Avinagrado o picado, es cuando el vino está enfermo y ha sido atacado por la bacteria acética (bacteria aerobia mycoderma aceti o acetobacter), presentando una acidez punzante en boca.
Sabor a lejía. Desagradable olor y sabor que detectamos en vinos con un exceso de alcalinidad.
Degradado. Por evolución u oxidación, el vino pierde sus cualidades visuales, los colores que muestran son oxidados, sin brillo.
Gusto a farmacia. El vino presenta un olor y sabor desagradable. Estos olores son producidos por que el vino ha sido elaborado a partir de uvas afectadas por botrytis cinerea.
Olor a saco, arpillera, papel o cartón. Cuando el vino tiene un aroma y sabor desagradable, normalmente por su paso a través de filtros de material celulósico de mala calidad, filtros con exceso de uso o malas técnicas de filtrado.
Azufre. Tanto el olor como el sabor del vino, son con recuerdos a azufre, aroma muy desagradable que recuerda a la combustión de las cerillas y se debe al uso excesivo de sulfitado en la producción del vino.
Brett o brettanomyces, este defecto puede producirse por falta de limpieza en la bodega, hay que aclarar que algunos elaboradores buscan estas características para sus vinos.
Moho o humedad. Fácilmente confundido con el olor a corcho, un olor muy reconocible y desagradable producido por el mal estado del corcho (hongos) o de la mala conservación del vino ya embotellado (lugares muy húmedos).
Sabor metálico. Es un sabor desagradable que podemos encontrar en vinos o mostos por quiebras metálicas o contaminados por el contacto con algunos metales.
Kinado o amoscatelado, aroma claro de un vino evolucionado, que por distintos motivos sus aromas nos recuerda a los vinos kinados o de moscateles, con recuerdos a uva pasa, miel, etc.
Tierra mojada. Son vinos hechos con uvas que han estado en contacto o muy próximas con tierras mojadas o muy húmedas y han sido contagiadas con el hongo Chatodotrix Dichotoma, que aporta este olor.
Gusto y olor a huevo podrido. Se debe a la presencia de compuestos azufrados (mercaptanos o sulfídrico) que se usan como agente antiséptico, antioxidante y para la conservación del vino, es un olor muy desagradable que también recuerda al de las coles cocidas.
Resina. Cuando un vino tiene gusto y olor a resina, es porque lo ha adquirido durante su crianza en barricas de abeto o pino.
Fuente: http://www.mdzol.com/nota/542368-defectos-que-podes-encontrar-en-el-vino/
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Todo lo que tenés que saber sobre el gusto del vino
A la hora de beber, lo mejor está en la boca. Se habla mucho de aromas y poco de sabores y gustos. ¿Qué es el balance, cómo interpretar las texturas y el gusto del vino? Enterate.
http://www.vinomanos.com/?p=10515
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Bodegas en el fondo del mar
2 DE JULIO, 2014 | EN NOTICIAS
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Bodegas en el fondo del mar
2 DE JULIO, 2014 | EN NOTICIAS
Se está transformando en una moda el hecho de añejar las botellas de vino en el fondo del mar. En esta nota, detalles sobre este particular proceso de guarda.
El plan de añejar las botellas en el fondo del mar, proviene de los hallazgos realizados en los distintos descubrimientos de embarcaciones hundidas alrededor del mundo hace cientos e incluso miles de años, dentro de las cuales se encontraban botellas o ánforas repletas de vino. Esto tiene como protagonista al recordado investigador Jacques Cousteau, que ubico un navío en el lecho del mar en las costas de Marsella.
Adentro del mismo, se hallaron más de mil ánforas con vino de la época romana, que soportaron el paso de aproximadamente 2.000 años.
Básicamente, recopilando las experiencias de los distintos viticultores, las botellas se colocan en jaulas de acero inoxidable hechas a medida, o bien en módulos de hormigón, algunos de ellos con alta tecnología de monitoreo incorporada. Luego, estos recintos son depositados en el fondo arenoso, a una profundidad variable de entre 15 y 30 metros.
Y allí son dejados, por períodos que van desde 6 hasta 18 meses, acorde al resultado buscado y al tipo de vino. Finalmente, y para hacerla completa, se organizan expediciones de buceo para que cada comprador o turista enológico, retire del fondo su propia botella, la cual él mismo disfrutará en tierra firme.
Con esto, aseguran que no se daña ni ataca el medio ambiente en absoluto, ya que justamente se pretende mantener las profundidades en su estado más salvaje.
Ahora bien, ¿en qué se beneficia el vino estando allí abajo? Según los resultados y testimonios, “el vino adquiere un delicioso punto de salinidad y un especial buqué mineral”, ya que madura en perfectas condiciones de presión y temperatura constante en casi todo el año, oscuridad y silencio, redundando en mayor intensidad de colores, complejidad y multiplicidad de aromas, y una particular suavidad. Esto se completa con la energía del leve movimiento del agua a esa profundidad y su carga salina.
Las mareas, regidas por la luna, le dan un toque biodinámico a la experiencia, aportando su influencia con el vaivén de las masas de agua y su fuerza osmótica por la concentración de sal. La marca térmica promedio que registren las aguas del lugar elegido, indicará a qué profundidad se deben colocar las botellas, considerando que cuanto más hondo, menor temperatura habrá. Se obtienen vinos “redondos en boca”, equilibrados y sedosos.
Como ejemplos de aquellos emprendedores que están enviando sus botellas a las profundidades del Pacífico, Atlántico, Mediterráneo y Cantábrico, podemos citar a las siguientes bodegas: Viña Casanueva (Chile), Mira Winery (Estados Unidos), Bisson Vini (Italia), Chateau Larrivet-Haut-Brion (Francia), Bodegas Luis Pérez (España), Bodegas y Viñedos Raúl Pérez (España), y la empresa de piscicultura Tempus Mare, que creó el primer espumante fermentado en el suelo submarino llamado Maryamm, en honor al nombre de la diosa del mar en la mitología fenicia.
Diego Di Giacomo




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