miércoles, 24 de junio de 2015

Vino caliente para el frío


Para días de frío, Vino caliente Compuesto.
En un único libro, ya gastado por los años, encontré un párrafo que decía lo siguiente: ..”Nada más amable, reconfortante, seductor y estimulante para el frío, que un buen vino caliente”..
Miles fueron mis preguntas sobre ese intrigante brebaje, otras miles las recetas de “soberbios y sabelotodos”, hasta que al final era tanta mi intriga que sin querer y siendo yo un eterno investigador de la naturaleza, dí con con un libro sobre las propiedades de la flora silvestre de nuestra Cordillera Patagonica:
Me encontré entonces con una pequeña planta de la cual el libro decía ..”Esta pequeña e hirsuta planta fue descubierta por un investigador inglés asentado en estas tierras, de las que extrajo sustancias curativas del extracto de sus frutos y de sus raíces leñosas pero tiernas, una sustancia aromática que sabe a miel y canela con la cual, mezclando con otros extractos vegetales y vino obtuvo una deliciosa bebida incomparable para los crudos inviernos patagónicos, colocandola en baño maría antes de beberla”..
Grande fue mi sorpresa, que de un “brinco” puse pie en tierra donde estaba reposando y al cabo de cuatro horas de “masticar” el librito, pude saber al fin cuales eran las otras plantas, las que mezclaba “El Ingles”, también de la patagonia, pero del desierto esta vez y que escritas en latín hacian mi búsqueda más intrincada aún cuando en aquella época Internet no estaba disponible.
Para saber su nombre común indígena, después de largas noches frente a la chimenea, encontré un nombre que por ser yo habitante de estas tierras me era muy común, dando luego por fin después de otras noches en vela con la tercera planta.
Pero no solo era encontrar con que, sino como…
No fue fácil proveerse de las pequeñas plantas de la cordillera, ya que son realmente “espinudas” de lugares poco accesibles.
Las del desierto, por ser buenos amigos y vivir en él, fuero más fáciles, aunque también “espinudas”.
Pero encontes, ahora, ¿Qué hacía yo con esas plantas? y ¿cómo sabría lo que servia?. Pensé en aquel inglés y en lo que narraba ese primer libro.
Decía en otro párrafo ..”Allá por 1914 un sexagenario ingles descubrió”…, me dí cuenta, que de no ser Matusalen, aquél ingles ya no existía y que me encontraba ante un verdadero desafio… Hice mil pruebas, ensucié miles de ollas de mi paciente esposa Patri.Pruebas
Hasta que al fin, después de más de un año de robarle horas al sueño, dí con algo tomable.
Luego, con el correr del tiempo y medidas de por medio, logré aquel encantador brebaje al que hay que servir caliente cual si fuera un rico té.
Como buen hijo de vasco “Nobleza Obliga”…Comencé a hacerlo probar entre mis amigos, los que me fueron dando su opinión (sin saber que aquello era todo un experimento), cada vez que hacia frio, tenía algún conejillo de indias para perfeccionar mi invento.
Siempre fue elogiado y eso me ponía contento.
– “Vamos a lo del “Gallego” a tomar un vinito caliente”. Decían.
Es tan rico el “Invento Compartido” que conseguí el indulto de mis preciados amigos, a los cuales he pactado proveer de por vida del dulce brebaje.
Gracias “Amigo Inglés” por aportarme experiencia…
Si por esas cosas de la vida, Tata Dios, no hubiera puesto en mis manos ese “vetusto” y deshojado libro, lo del vino caliente sería aun hoy, una incógnita para mi.
Y usted se preguntará, ¿cómo es el brebaje al fin?.
Le contaré como es obvio, de que está hecho, que gusto y aroma tiene y para que ocasión tomarlo, ¿La receta?… Nones..
El 85% es vino rojo de la variedad “Barbera”, tinto pesadón, si está bien macerado, el otro 20% “La receta”, es por eso que se llama vino compuesto, son todos elementos naturales y sin convservantes, entre los que se incluyen además de los extractos de las “Espinudas matas” jugo y pulpa de naranjas, deliciosa miel salvaje y la otra parte es.. Ah no.., ya conté suficiente.
Todo esto debe ser homogeneizado, cosa que no es fácil y llevado a baño maría, para beberlo en jarros preferentemente de barro o porcelana los cuales deberán estar calientes, cual si fuera un pocillo de café y de ese modo conservando una temperatura adecuada, no hirviendo, poder deleitarnos con un vino caliente.
Su aroma es a canela, bien marcado, frutado por las naranjas y uvas provenientes del vino y de los extracos de las “Espinudas” que ya nos invita a beberlo, su sabor es exquisito y suave, la salvaje miel aporta su inconfundible toque silvestre y dulce, las naranjas harán el resto para que este intrincado brebaje sea u placer de reyes.
Se bebe con moderación, como cualquier vino, recordando siempre que si aumentamos la temperatura, las posibilidades de “encurdelarnos” son siempre mayores en toda bebida alcohólica.
Este vino caliente es ideal para cuando el termometro está bajo cero y nos encontramos con ganas de poner “El ponchito por dentro” es de los que “Calientan las orejas” y según mis amigos“Pa’ encarar un tren”
Como esto se trata de un producto muy artesanal y hecho en pequeña escala, para amigos, lo transportamos a nuestra también “Pequeña Bodega” de Vinos finos para elaborarlo de la misma manera, para agrandar el cupo de dilectos amigos, entre los cuales contamos con ustedes.

S
e imagina por aquí en San Martín de los Andes, Villa la angostura, Bariloche, Caviahue. en lo de mi amigo Ramos del Bolsón con sus quesitos de oveja y dulce de arandanos, etc. Frente a una chimenea de leños crepitantes con una poción de “Selva Negra” con fresas del bosque y un vinito caliente de los Sánchez Carrillo. ¡¡Para quedarse a vivir!!
Los que trabajamos en esta bodega somos artesanos que hacemos las cosas queriendo a la gente, nuestro mayor orgullo es que nuestros productos artesanales gusten y sean reconocidos por su naturalidad y esmero, hasta ahora lo logramos, lo que nos da más fuerza para seguir cosechando amigos.
Los esperamos en nuestra “Patagonia Virgen”, la del Pehuen, los Dinosaurios, los cristalinos ríos y lagos, la de los bosques y las plantas “espinudas”, la de los sueños de aquel viejo inglés, de mi querido viejo vasco y de mi vieja gringa.
Donde está el paraiso.
  Jorge Sánchez Carrillo          Labriego/Artesano

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